Hacía mucho tiempo que tenía ganas de asistir a una de las monterías que organiza la Sociedad de Cazadores de Hornachuelos cada año, ya
que deseaba poder recordar mis comienzos monteros cuando aún era un crio.
Aún recuerdo cómo se respiraba un ambiente muy diferente al
resto de las jornadas; era un ambiente mucho más montero. Esas juntas
en la explanada del “Pedrejón” con los cerros de “Alta Baja” al fondo, o en la
misma casa de “Los Villares”, rodeados de sierra, con la única nota discordante
del cementerio del Cabril. O esos sorteos con todos los sobres encima de
la mesa, donde tenían preferencia los
puestos de las rehalas a la hora de ser llamados, llevando con ellos esos
trabucos para hacerlos “cantar” en mitad de la mancha para así mantener la
tradición… y yo, mientras tanto, intentando adivinar donde se encontraban las
armadas más querenciosas que cada año repetían sus nombres hasta convertirlas
en una parte más de aquella jornada cinegética....Carril central en “La Muela”, Puerto Enebral en la
“Adelfilla”, etc…
